Tomografía axial computarizada (TAC)

Desarrollo de la tomografía computarizada (TAC)

La tomografía axial computarizada (TAC) permite obtener imágenes tridimensionales del cuerpo utilizando rayos X. Las bases matemáticas de la tomografía computarizada fueron diseñadas en 1917 por el matemático austriaco Johann Radon. La llamada transformación de radón forma la base para el cálculo de las imágenes espaciales de un objeto. En 1957 y 1963, Allan M. Cormack desarrolló algoritmos para calcular la absorción de rayos X a través de los tejidos. El primer prototipo de TAC fue desarrollado por Godfrey Hounsfield en 1969. Las primeras imágenes por TAC de un humano se tomaron en 1971. A partir de 1972 se comercializó el primer escáner de tomografía computarizada y se utilizó en el diagnóstico radiológico. Desde entonces, la tecnología de TAC se ha venido desarrollando continuamente. Un hito fue la introducción de la TAC en espiral por el físico alemán Willi A. Kalender. La primera TAC de múltiples filas se introdujo en 1992. En los años siguientes, el número de filas de detección aumentó hasta 320, es decir, se pueden producir 320 capas simultáneamente por rotación de tubos de rayos X e incluso 640 imágenes con una doble lectura. En 2005 se introdujo la primera TAC con dos tubos de rayos X (TAC de doble fuente), en la que dos tubos de rayos X están posicionadas en un ángulo de 90° respectivamente.

Los modernos tomógrafos computarizados de múltiples filas detectan simultáneamente un gran número de capas anatómicas con un espesor de menos de 1 mm. Durante el examen por TAC, el paciente acostado se introduce lentamente, sobre una mesa, en el tomógrafo computarizado y el tubo de rayos X rota alrededor del paciente. Esto permite alcanzar una resolución anatómica de hasta 0,25 mm de vóxel isotrópico (es decir, una resolución espacial que es la misma en las tres direcciones espaciales). Los datos de la imagen capturada pueden utilizarse para reconstruir imágenes en cualquier dirección espacial.

Diagnóstico en la medicina humana

La tomografía computarizada se ha establecido como uno de los procedimientos diagnósticos más importantes en radiología. Las fracturas óseas, las hemorragias, las lesiones en órganos, las inflamaciones y los tumores se pueden detectar de forma fiable con la tomografía computarizada, al igual que las hernias discales, los cambios óseos degenerativos de la columna vertebral y de las articulaciones.

En comparación con la resonancia magnética (RM), el tiempo de análisis de la tomografía computarizada es muy breve, lo que permite examinar incluso grandes áreas del cuerpo de una pasada, como el cuello, el pecho y el abdomen. Sin embargo, siempre se debe tener cuidado de que el volumen a examinar sea lo más pequeño posible y la dosis lo más baja posible, a fin de minimizar la radiación. Esta estrategia de análisis ha demostrado ser muy eficaz, especialmente en el diagnóstico de tumores y la detección de metástasis. Además, la tomografía computarizada permite detectar de forma temprana enfermedades pulmonares instersticiales